Cuando era pequeña recuerdo los mayores siempre me decían que mis problemas no eran más que cosa de niños y que por aquello que lloraba o sentía dolor era algo insignificante en comparación con sus problemas o dolor.

Yo no entendía ni sabía muy bien a que se referían con sus problemas pero si sabía que mi dolor y lo que para ellos  eran problemas insignificantes para mi era algo que hacía que no fuera yo… Era algo que dañaba mi alma (Ahora que soy mayor comprendo cuán equivocados estaban pues no hay mayor dolor que el que surge del alma, del espíritu y no de problemas de dinero…)

Desde pequeña sentí el dolor de no poder ser yo misma porque cuando era YO, era rara, parada o según algunos niños o adultos me faltaba sangre en las venas y en realidad lo único que hacía era observarles en lo poco que disfrutaban de la vida y lo rápidos que iban a todos lados, disfrutaba observando a la gente, observando mi alrededor. Pero aquellos juicios hacia mi persona  hicieron una herida en mi alma que surgió a través del dolor.

Gracias a esto tuve la oportunidad y el regalo de ser más sabia y despertar en mi lo que todo el mundo llama COMUNICACIÓN.

Esta palabra para mi era tan desconocida ya que siempre me mantenía callada pero ¡Guau, fue impresionante cuando la desperté en mi! Ahora podía expresar todo aquello que antes callaba.

Más adelante cuando fui creciendo y llegó la época de adolescente hubo algo muy hermoso que me ocurrió pues de pronto me sentía como el patito feo rodeada de cisnes o personas que a mis ojos físicos “parecían cisnes”.

Las burlas comenzaron de nuevo y no había día que descansará de esas palabras hirientes… llevé gafas (pues comencé a tener miedo al futuro que me esperaba de ahí la miopía), taloneras (para corregir mis pies que se torcían) y para la guinda del pastel también tuve que llevar un ojo tapado con un parche ya que uno de mis ojos empezó a dejar de querer funcionar y a dormirse porque no quería ni mirar lo que ocurría a mi alrededor (lo que llaman los médicos “un ojo vago”).

Todo se nubló y ya ni la comunicación ni la expresión me servían.

Pero cuál fue mi sorpresa que deseaba tanto encontrar una cura a todo este dolor que llegó a mi una frase que hasta el día de hoy se ha mantenido junto a mi. Y fue la siguiente:

“Yo soy como los buenos vinos con el tiempo mejoro”

Quizás muchos vean es una simple frase, pero yo entendí la profundidad de esta, pues los buenos vinos lo que mejora no es el recipiente si no el interior de lo que guarda esa botella de vino y yo sentí en mi caminar y por consiguiente mi interior se volvió bello. También mi exterior, más aún de lo que ya era.

Y así fui repitiéndola durante años hasta que de repente comprendí no sólo basta la comunicación si no tiene un fin, si además le unes un lenguaje impecable contigo misma haces la poción perfecta para crear magia en tu futuro…

El patito feo se fue convirtiendo en cisne o quizás siempre fue un cisne pero no supe verlo…

La cuestión es que en cada momento de mi vida ha habido dolor y este por consiguiente me ha hecho renovarme y sacar de mi interior algo mágico que estaba guardado, ya fuera fortaleza, amor, cariño, comunicación impecable…

Cada año que ha ido pasando el dolor se ha hecho más intenso pero igual el regalo ha sido más intenso y lleno de pureza y verdad…

Y aquí en esta escuela entendí no estaba tan perdida, en realidad siempre caminé hacia mi destino y este estaba lleno de dolor si, y estará lleno de dolor, pero en cada prueba que pase con este me llevará al pasadizo secreto donde se encuentran las grandes almas…

Las que se arriesgan, las que viven, las que se levantan, las que esperan y abrazan la noche y más aún el amanecer después del dolor…

Porque el dolor siempre trae un gran regalo consigo… el regalo de la verdad hecha sabiduría y bañada en el amor que cada uno de nosotros somos.

Y hoy puedo decir, GRACIAS POR CADA DOLOR QUE PASÉ Y ME REGALÓ SABIDURÍA.

Porque hoy puedo abrir mi alma sin temor, puedo ser yo con amor y decirte a ti, que me lees, NAMASTÉ.