Muchos seres humanos desarrollan toda su vida bajo las creencias del sistema donde aprendieron por primera vez, su entorno familiar y social.

En la actualidad, muchos seres han evolucionado y enseñan ideas más ilimitadas y amorosas hacia otros seres humanos, sin embargo, los sistemas que mueven a las masas no se adaptan a éstas ideas y seguimos “alimentándonos” de las primeras creencias.

De tal manera, por hábitos al paso de los años es cada vez más difícil salir de ahí y escuchar esa voz interior que por tanto bullicio no se escucha.

Sin embargo accionar hacia ello no va de ninguna edad en especial, no es exclusivo de jóvenes o de ancianos arrepentidos, es para todos en todo momento de sus vidas.

Esa voz, la voz del alma con su propio lenguaje contiene información sobre nosotros mismos en cada experiencia vivida y nos indica, ¿Cuál es nuestra misión de vida?

Misión de vida significa: ¿para “ser” y “hacer” qué? Esto solo podemos irlo descubriendo reconectando la voz de nuestra alma, observando todo el conocimiento sobre nosotros mismos que cada experiencia que hemos vivido nos enseña, hacer esto con humildad (con apertura a crecer) y amor (sin culpas ni juicios).

Por ejemplo, cuando hay algo que disfrutas mucho hacer, que lo haces con alegría, que sientes que el tiempo se te pasa volando, sientes como si fuera una cuerda que sale del estómago y te jala a accionar al respecto y sobre todo distinguirlo de aquello que has hecho y no sientes que va contigo o con tus valores, que va en contra de tu esencia, que claramente distingues que “no eres” tú, ya sea que lo hayas accionado por ti o por otros.

Estamos muy “entrenados” para entender como “misión de vida” nuestro trabajo, por el cual recibiremos dinero a cambio pero en realidad va más allá. Va de accionar con voluntad hacia aquellas experiencias que te honran, te expanden, tan solo al compartir tu “don” al servicio de otros.

Recuerdo que hace unos años escuchando a mis pacientes de odontología antes o al terminar su consulta y quedarnos platicando sobre ellos mismos decía “podría hacer esto solo por el gusto de hacerlo, aunque no me pagaran” pues de eso se trata, de distinguir esa “voz” interior que sin palabras hace que te enteres hacia donde accionar.

La receta mágica para saber la respuesta la escribimos desde nuestras experiencias y el alma todos los días.