Muchas veces confundimos el conocimiento de culpa con el de responsabilidad, por lo regular porque nuestros padres o tutores nos enseñan que quien es “culpable” sufre las consecuencias o castigos y entonces desde niños no queremos ser culpables de nada. Después, la responsabilidad se convierte en “obligación” por hacer algo de lo cual “tenemos” que ser responsables o alguien resultará decepcionado.

Entonces llega el momento de las experiencias de la vida donde, solos, vamos percibiendo cosas diferentes a los que nos enseñan y llega el caso donde presenciamos algo que no nos agrada (por ejemplo una persona agrediendo a otra en cualquier forma) y en nuestro interior empieza una lucha: sentimos algo que no tiene palabras ni pensamientos pero nos invita a hacer algo para detener eso, para hacer conscientes a esos involucrados, nuestros pensamientos dicen no es tu problema, no es tu culpa, no te metas, nuestras emociones pueden despertar enojo que llevará a la agresividad o tristeza y pasa el tiempo y elegimos evadirnos y retirarnos.

Algo que no nos enseñan es que ya estamos participando en el mundo, la familia, la comunidad; que sea lo que sea que decidamos actuar o no sigue siendo una elección y quien es consciente de esto es responsable, de profundizar dentro de sí mismo, conocerse y escucharse tan bien que cuando situaciones como esa se le presenten pueda pensar, sentir y actuar de manera coherente y creativa.

Todos y cada uno de nosotros tenemos experiencias de todo tipo por vivir, la diferencia es que hay quienes se dan cuenta de la elección consciente que todo momento hacen o de manera inconsciente viven actuando.

Actuar en coherencia no significa esperar un resultado por parte de los demás sino solamente de uno mismo. Puede haber personas que como el caso anterior mencionado de agresión, no desee ser ayudado pero su modo de actuar no es nuestro motivo, cuando actuamos en coherencia viene desde el alma y el resultado simplemente será, no bueno, no malo, solamente será.