Dicen por ahí que sufrimos porque deseamos, ¿de verdad es posible que una persona desee sufrir? Puede ser, el ser humano aprende lo que observa y si en su desarrollo la experiencia de sufrimiento es “normal” puede que no sea consciente de que no lo es.

Sin embargo, conscientes o no, creo que más bien sufrimos porque “necesitamos” es decir, necesitamos que algo suceda, que algo se comporte de cierta manera, que algo esté o no esté ahí, en tiempo, en forma, en espacio, en situación.

Queremos controlar o tenemos una expectativa y cuando alguna de las anteriores no sucede así, perdemos la paz, es decir, le damos nuestro poder.

También es posible que el apego sea gran protagonista de nuestras vidas, el querer y necesitar en vez de amar en libertad, el sentir y disfrutar lo maravilloso que llega y así también se tiene que ir. Aprender de lo que llega.

Apegarse no solo a una persona sino a quién soy cuando “soy” con esa persona, apegarse a una experiencia de cualquier tipo y que de la cual no somos consientes que “todo pasa”.

Por ejemplo, la cultura maya consideraba el tiempo como un ciclo enfatizando que un final significaba mas bien el principio de otro momento y por apego a lo conocido muchas veces no soltamos para recibir un momento nuevo, experimentar algo desconocido y eso también nos genera sufrimiento. Experimentando entonces el sufrimiento como la incoherencia, el desequilibrio de nuestro interior y la falta de acción para ser coherentes.