El fruto más dulce es el que viene del corazón

Aquel que profundiza cada vez más dentro de sí mismo encuentra un amor muy grande y puro y ese es el más grande regalo que le puede ofrecer a quien lo rodea.

Una sociedad es una suma de seres humanos, un ser humano es una suma de todas sus “partes” (pues todas sus partes le forman una experiencia).

Cuando uno tiene una idea, creativa o destructiva, quienes le rodean influyen en el desarrollo de esas ideas, en el camino que elija, pero ésta elección es tan profunda como el ser que se conoce a sí mismo, es decir, si no se conoce lo suficiente, sus decisiones serán tomadas con poquita información, poquita consciencia, superficialmente y, si se conoce mucho entonces será con mucha información, consciente, y será más “fácil” vivir consciente porque repetiremos las “pruebas de la vida” menos veces.

El ser humano mientras se desarrolla aprende y guarda patrones.

Éstos patrones los aprende de quienes lo rodean y muchos hemos nacido y aprendido un patrón del cual nuestro corazón nos pide salir (nos lo pide muy claro si escuchamos con la mente en silencio), escuchamos el ¡sal de ahí! y el miedo/fuego de tomar acción despierta… Ese es el momento y espacio de elegir con el corazón. Entonces la sociedad probará un fruto del corazón.

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