No carecemos de nada. ¿No lo veis así? No nos falta de nada.

¿No tenemos un techo que nos protege de la lluvia? ¿No comemos cada día? ¿Podemos abrigar nuestros cuerpos en caso de frío? ¿Tenemos un coche para nuestros traslados? No nos falta “nada”.

Y ahora… dime… recuerda…

¿Cuántas veces al día buscas formas y nombres en las nubes? ¿Cuántas veces en la noche tus ojos se pierden entre las estrellas?

¿Cuántas veces sonríes estando a solas y sin saber porqué? Y sientes en ti ese gozo especial de cuando éramos niños.

¿Cuántas veces das ese abrazo del alma sin esperar nada a cambio? ¿Y comprendes a otro ser cuando te abre su alma?

¿Cuántas veces perdonas? ¿Y te perdonas?

¿Escuchas o sólo te entretienes?

¿Hablas con amor o a través de tu ego hinchado y siempre hambriento?

Ya son muchas preguntas. Cierto.

Son las que cada noche, antes de cerrar mis ojos para dormir, me formulo.
Me gusta saber si durante las horas de juego que es la vida, he sabido jugar, vivir y amar.
A pesar de tenerlo “todo”.

Y muchas noches, compruebo que… no carezco de NADA.

Sylvia.