La letra de un bolero antiguo pero inmortal para muchos, cuenta: “Dicen que la distancia es el olvido…”

Amor, lejanía de los amantes, olvido. ¿Pero cuándo sucede esto principalmente? Según mi entender, cuando la base de ese amor es la necesidad de la cercanía de los cuerpos, la necesidad de sexo, la interpretación de plenitud a través de lo material, cuando existe en nosotros la convicción de que sin esa persona no se es nada o dicho de otro modo, de que esa persona es nuestra vida, cuando significa la propia identidad frente a nosotros  mismos, nuestra fuerza.

Todo lo que se sustenta en materia, tarde o temprano, fenece.

Al ir despertando de nuestro sueño, al ir tomando consciencia de nuestro Yo, pueden cambiar muchas cosas de nuestra vida y también, sentimientos o formas de amar.

Cuando uno reconoce el amor inagotable de su alma, comienza a amar con ella y no con su ego y sus limitadas creencias o sus miedos, es entonces cuando descubre de verdad el amor. Ese amor se dirige al alma de otros seres, sin importar  su sexo, edad, o cualquier otro invento de nuestras falsas creencias.

Cuando nuestra alma, ama a otra alma, no existe separación ni distancia, no existe olvido, porque la conexión es constante, intensa y embriagadora. No hay temor, puesto que no hay nada material que perder, no hay expectativas acerca del otro, porque ambas almas brillan al unísono, no se espera recompensa alguna puesto que ya el alma tiene y siente lo único que existe de verdad… el AMOR, más allá de formas, creencias, miedos o expectativas.

El sexo, inmerso en esas altas vibraciones, deviene una experiencia divina, mágica e indescriptible.

Un sabio maestro dijo:

“ Sólo existen dos cosas… el amor y el miedo, con una de las dos construimos nuestra vida”

¿Con cuál te quedas?

Zoe.