Fue una búsqueda larga para eso tan grande que no podía explicar, desde que era una niña pensaba en la humanidad de manera diferente, veía las caras de las personas y sus comportamientos y conocí el sufrimiento, las preocupaciones, la escasez y la tristeza como una cosa común, parecía que era todo lo que veía, así era mi mundo.

Pero un día decidí soñar y volar, por un tiempo me perdí en tantas maravillas y el color de mi mundo fue cambiando, entonces pensé que había algo más grande que toda esa tristeza y pobreza en varios aspectos, pero no había entendido que era.

Yo siempre creí en un Dios y adoraba mi religión porque era un vínculo muy fuerte con mi madre y me hacía sentir cerca de ese Dios que me llenaba.

Durante mi vuelo, viajé por otros países, experimenté varias culturas y todo era asombroso, pero también me perdí. Comencé a ver el otro lado de la moneda, cuando antes me sentía que no encajaba porque había muchas cosas que no me atraían de lo que la gente “normal” disfrutaba, esta vez me estaba mezclando, estaba haciendo las cosas que otros hacen y lo disfrutaba mucho.

Pero al final del día sentía que algo me faltaba. Mi Dios seguía allí pero yo encontraba conflicto con la religión y como estos dos conceptos estaban muy ligados en mi entendimiento, ambos comenzaron a desaparecer en mi fe.

Pasé varios años así hasta que regresé a casa, después de casi 10 años fuera de México llegué a Chihuahua, me establecí con un trabajo, me casé, tuve a mi hijo y todo parecía estar bien. Pero mi ser ¡me estaba llamando a gritos y yo no escuchaba!

Hasta que un día recibí una invitación para el nivel 1 y 2 de esta escuela, ya he tomado los 4 niveles y voy por más… 🙂

Pertenecer a esta escuela ha cambiado mi perspectiva de la vida, siempre descubriendo algo nuevo, enfrentando nuevos retos pero más que nada la paz que mi interior siente es incomparable.  Aprendí a encontrar paz en la tormenta y a ser feliz con pequeños detalles. Todo toma un sentido diferente, tus deseos, tus posesiones, tus relaciones, todo lo que haces, etc.  Comprendí que mi conocimiento del Dios que seguía era muy limitada, ¡Ahora ese Dios habita en mí y es maravilloso!

Sonia Ortega Córdova