Aprendí

Una soleada y hermosa mañana de invierno, cercana a la Navidad, me diagnosticaron un cáncer.

Tras recibir  la noticia, la sensación de impotencia, de injusticia más tarde y de enorme tristeza nacieron  en mí.

En los siguientes días, soportando duras pruebas, pinchazos, días interminables y noches eternas en el hospital, conocí el dolor físico.

Las incógnitas, el desconocimiento de mi futuro inmediato y sobre todo, más que nada, el temor de no poder volver a abrazar a mis seres más amados, me inundaban de sufrimiento.

No podía saber, desconocía y eso me hacía sufrir.

Una vez en mi casa, siguiendo con la sospecha, el temor y todo lo que pudiera inventar para poder sufrir mucho, un día, sin buscarlo ni esperarlo llegó el clic a mi mente, sin duda un regalo de mi alma.

Y supe (todavía no sé cómo) aceptar mis dolores físicos, los abracé, y comprendí que me estaba llevando una gran lección de vida, la cual me enseñaba día tras día a valorar lo que en mi vida era y es auténticamente valioso. Nada que ver con lo que uno supone o cree, lo más sencillo, detalles, olores, abrazos, eso es lo más hermoso y auténtico. Y además me percaté de que el dolor físico me recordaba que aún estaba viva.

Al  aceptar el dolor y su aprendizaje,  inmediatamente dejé de sufrir y  nació en mi  la certidumbre de que mi historia terrenal no acababa ahí y si así no fuera, lo aceptaba plenamente, mientras tanto, no podía permitirme seguir perdiendo el tiempo, eternamente valioso  y decidí ser feliz, agradecida porque  aún podía seguir siendo parte de este bello sueño que es la vida.

Aprendí a valorar a todo lo que me rodea, a sentir con todos los sentidos, a mirar y ver de verdad, a llenarme de brisa y sol. Dejé de sufrir, porque dejé de ser víctima.

Víctima de mí misma, de mis expectativas, de mis juicios, de mis esperas, de mis miedos.

Nuestra mente nos hace sufrir, nuestro ego necesita constantemente ser el centro de atención y nos lleva a la continua insatisfacción, al miedo a la pérdida, a la frustración, a la falta de paz.

Por ello es bueno perdonarnos por no estar en paz, cuando lo hagamos la no-paz se convierte en paz.  Cuando aceptamos lo que es, cada instante es el mejor.

Como bien dice nuestra coach Sonia García:

 El dolor es inevitable, el sufrimiento, opcional.

Y así lo aprendí yo.

Namasté

Zoe

2 comentarios

  1. Así es cuando tu ser te lleva a vivir experiencias q no comprendes humanamente pero tu divinida es conciente q es lo q te hace seguir evolucionando. Gracias x compartir. Bendiciones a tod@s!

  2. Es hermoso poder descargar de nuestra alma nuestras experiencias esperando y deseando que puedan ser útiles para otros seres y sus experiencias. Zoe

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