Estos últimos meses han sido un viaje de emociones, nuevos pensamientos y paisajes. Al reflexionar acerca de la persona que era antes a la de ahora, es difícil explicar con palabras cómo han sido los cambios, pero siento y sé que ahí están.

A finales del 2015 había surgido un quiebre muy fuerte en mi vida personal, mi abuelita, un Ser lleno de amor y mucha luz que representa una parte muy importante en mi vida falleció.

Experimenté un dolor muy fuerte, que aún sigue en proceso de sanación, pero ante todo aprendí que la vida es muy corta y que la estaba desperdiciando en pensamientos estúpidos y superficiales, haciendo algo rutinario que no me gustaba ni llenaba.

Por lo que decidí que todo lo que hiciera a partir de ese momento tendría más profundidad y sería para cumplir mis sueños.

Ahora sé que este pensamiento fue un acto de amor hacia mí misma que inició por mostrarme un camino hacia el despertar espiritual, siendo este el curso de Sal de Ahí al cual fui enrolada por una amiga cercana.

En ella vi cambios, su forma de hablar era diferente, pero como siempre había tenido una conexión con ella no cambió nuestra amistad, al contrario nos unió más.

Cuando pasó lo de mi abuelita, un mes después hubo un curso en Juárez, me comentó acerca de él, pero mi cuento de no tener el dinero estuvo presente y no acudí en esa ocasión.

Pero, me entró la espinita, veía los vídeos y sentía como me llegaba el mensaje, algo en mi me estaba jalando hacia el curso y en noviembre me volvió a comentar mi amiga pero esta vez no iba a ser en mi ciudad natal, sino en Mérida, Yucatán. En esta ocasión, no hubo pretextos ni cuentos que se presentaran, al momento que dije si, todo se acomodó.

En menos de dos semanas preparamos el viaje y tomé el curso. Al igual que en los vídeos, todo lo que decía la Sensei, me llegaba, lo comprendía y supe que estaba donde debía de estar, con las personas y en la ciudad correcta.

El camino espiritual no es fácil, por algo nos llaman guerreros espirituales durante el tercer nivel, pero es hermoso como la mente se expande, como sientes esa conexión con todo, porque somos el todo.

Como bien dijo Yoda:

No somos materia cruda sino seres luminosos con la capacidad de amar.

Y a través del amor decidimos nuestro propio destino,  nuestras propias experiencias, nuestros propios pensamientos y sentimientos.

Esto es lo que representa la escuela Sal de Ahí para mí, el conocer ese amor tan profundo, sublime e incondicional.